
Toro Muerto: el campo de petroglifos más grande de Sudamérica
A tres horas de Arequipa, miles de figuras talladas hace siglos cubren un desierto de roca volcánica. Guía práctica para visitar Toro Muerto: cómo llegar, cuándo ir y qué llevar.
En el distrito de Corire, en la provincia de Castilla, un desierto sembrado de rocas volcánicas guarda uno de los conjuntos de arte rupestre más extensos del continente. Se llama Toro Muerto y lleva más de siete décadas siendo estudiado sin que los arqueólogos terminen de agotar sus secretos.
Miles de figuras en roca volcánica
El sitio se extiende por varios kilómetros de un antiguo flujo de toba volcánica, bloques claros que el tiempo y el óxido oscurecieron en la superficie. Al raspar esa capa oscura con una piedra más dura, los autores originales dejaron figuras claras sobre fondo oscuro: llamas y alpacas en fila, bailarines con tocados, aves, felinos y motivos geométricos. Los especialistas han catalogado miles de grabados, con cifras que según el conteo y el área incluida van de unos 3.000 a más de 5.000 piedras talladas, lo que convierte a Toro Muerto en uno de los campos de petroglifos más grandes de América.
El arqueólogo arequipeño Eloy Linares Málaga comenzó a documentar el sitio de forma sistemática en 1951 y dedicó buena parte de su carrera a catalogarlo. Las dataciones son discutidas: hay grabados que los investigadores asocian a la influencia Wari, entre los siglos VIII y XII, y otros que podrían ser anteriores o posteriores, grabados por distintas generaciones sobre las mismas piedras.
No hay un camino marcado entre las piedras, me dijo el guía en Corire. Cada visitante encuentra sus propias figuras, y siempre hay alguna que el grupo anterior no vio.
Cómo llegar y qué llevar
Desde el Terminal Terrestre de Arequipa salen combis y autos colectivos hacia Corire y Aplao por la Panamericana Sur, un viaje de unas tres horas para recorrer los cerca de 160 kilómetros. Las agencias de turismo de Arequipa también ofrecen el recorrido como tour de un día, generalmente combinado con el pueblo de Corire y sus huertos de cítricos junto al río Majes. Desde el pueblo, un mototaxi acerca hasta la entrada del sitio en pocos minutos.
La municipalidad cobra una tarifa simbólica de ingreso y el Ministerio de Cultura mantiene un control de acceso, pero no hay sombra, baños ni puestos de comida dentro del área de los petroglifos. Sombrero, bloqueador solar, agua y zapatos cerrados para caminar sobre arena y roca suelta son indispensables. Conviene llegar temprano, antes de las nueve de la mañana, cuando el sol del desierto todavía es soportable; octubre, dentro de la temporada seca, es uno de los mejores meses para ir.
Quien tenga más de un día puede seguir camino hacia el Valle de los Volcanes de Andahua, varias horas más al norte, donde decenas de conos volcánicos pequeños se alinean sobre el mismo paisaje desértico que empieza en Toro Muerto.
¿Te gustó esta historia?
Compártela con alguien que ame Arequipa.
¿Tienes tu propia historia de Arequipa?
Enviar un artículo →
