
Inti Raymi en Arequipa: la Herencia Andina que Sobrevive bajo la Ciudad Blanca
Arequipa se cuenta a sí misma como ciudad colonial de sillar y balcones, pero cada 24 de junio, en las terrazas de Yumina y en los pueblos de Characato y Sabandía, se rinde tributo al sol con chicha, pago a la tierra y danzas que preceden en siglos a la catedral. La herencia andina no es un museo: sigue viva en el campo que rodea la ciudad.
La postal oficial de Arequipa es colonial: la Plaza de Armas de sillar blanco, la catedral, los claustros de Santa Catalina, los balcones tallados. Pero esa Arequipa española se levantó en 1540 sobre un valle que ya estaba habitado y cultivado desde mucho antes, por pueblos como los yarabayas y los chimbas, que labraron las terrazas que todavía verdean en las faldas de la ciudad. Cada 24 de junio, cuando el resto del país celebra el Día del Campesino y en Cusco se representa el gran Inti Raymi, esa Arequipa más antigua sale a la superficie. No en la plaza turística, sino en el campo que rodea el centro: en las andenerías de Yumina, en los pueblos tradicionales de Characato, Sabandía, Yura y Sachaca, donde comunidades campesinas rinden tributo al sol y a la tierra con ceremonias que no cambiaron su fondo en siglos.
El Sol, la Tierra y los Apus que Rodean la Ciudad
El Inti Raymi —la fiesta del sol— marca el solsticio de invierno del hemisferio sur, alrededor del 21 de junio, el momento en que el sol está más lejos y la comunidad andina le pide que regrese para asegurar las cosechas del año siguiente. En el valle de Arequipa la ceremonia central es el pago a la tierra, la ofrenda a la Pachamama: un despacho armado sobre una manta con hojas de coca, granos de maíz, semillas, grasa de llama, vino y chicha, que un yatiri o maestro andino prepara pidiendo permiso y agradecimiento antes de enterrarlo o quemarlo. En Arequipa el pago no se hace solo a la tierra: se hace también a los apus, los cerros tutelares que cualquiera puede ver desde la Plaza de Armas —el Misti a 5,822 metros, el Chachani a 6,057 y el Pichu Pichu al este—. Para las comunidades del valle, esos volcanes no son postales: son protectores a los que se les debe respeto y ofrenda, y esa relación no la borró la Colonia.
Las escenificaciones más visibles se organizan en las terrazas preincaicas de Yumina, en el distrito de Sabandía, a unos veinte minutos del centro. Allí, sobre andenes que todavía se cultivan con el mismo sistema de canales de hace siglos, grupos culturales y comunidades campesinas representan la ceremonia del sol: un actor que encarna al Inca, sacerdotes, danzantes, y el reparto de chicha de guiñapo servida en keros. La entrada suele ser libre y el ambiente es más de comunidad que de espectáculo turístico. Conviene llegar temprano —las ceremonias empiezan entre las 9:00 y las 10:00 de la mañana para aprovechar el sol— y abrigarse: junio es el mes más frío del año en Arequipa y en las terrazas, a la sombra, la temperatura no pasa de 12 grados.
La ciudad se cuenta en sillar, pero se sostiene en tierra: debajo de cada balcón colonial hay un valle que le rezaba al sol mucho antes de que llegara la catedral.
Danza, Chicha y Comida de Fiesta
Ninguna celebración andina en Arequipa se entiende sin la comida y la bebida comunitaria. La protagonista es la chicha de guiñapo, la cerveza de maíz morado germinado que se fermenta en las mismas picanterías del valle y que en estas fechas corre generosa; antes de beber, la costumbre manda derramar un chorrito al suelo para la Pachamama —el tinka, el primer trago siempre es de la tierra—. La comida de fiesta gira alrededor de la pachamanca, el método de cocción bajo tierra con piedras calientes: carnes, papas, habas y camotes envueltos en hojas y enterrados durante horas hasta que salen ahumados y tiernos. Alrededor, la danza: en muchas comunidades del valle y en el vecino Colca la danza emblemática es el wititi, declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, donde los varones bailan vestidos con polleras coloridas, una tradición ligada al cortejo y a la memoria de las comunidades collaguas y cabanas.
Dónde Vivirlo y Cómo Acercarse con Respeto
Para el visitante que quiera acercarse a esta Arequipa andina, la fecha clave es la semana del 21 al 24 de junio, pero las expresiones de esta herencia aparecen todo el año: en las ferias dominicales de los pueblos tradicionales, en las picanterías donde la chicha y el pago a la tierra siguen siendo parte de la vida, y en museos como el Santuarios Andinos de la UCSM, donde se conserva a Juanita, la niña ofrendada en el volcán Ampato hace más de cinco siglos, la prueba más elocuente de cuán profunda es la relación entre este pueblo y sus montañas. La regla para acercarse es simple: es una ceremonia, no un show. Se puede fotografiar con discreción, pero conviene preguntar antes, especialmente durante el pago; no se interrumpe al maestro andino; y si ofrecen un vaso de chicha, aceptarlo —y derramar el primer chorro a la tierra— es la mejor manera de entrar en la fiesta y no solo mirarla desde afuera.
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