La Arequipa que se Come de Pie: Anticuchos, Picarones y el Ritual de la Noche
Gastronomía9 de julio de 2026· 6 min de lectura

La Arequipa que se Come de Pie: Anticuchos, Picarones y el Ritual de la Noche

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Equipo Editorial · Arequipa

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Cuando cierran las picanterías y el sol baja detrás del Chachani, aparece otra Arequipa: carritos de anticuchos que humean en la Plaza San Francisco, sartenes de picarones junto al río, y vasos de emoliente caliente a dos soles. La comida callejera no es un plan menor —es donde la ciudad se junta después del trabajo.

Hay una Arequipa que no aparece en las guías de picanterías ni en las listas de restaurantes premiados: la que se come de pie, en la vereda, cuando ya oscureció. Empieza alrededor de las seis de la tarde, cuando los carritos de anticuchos llegan empujados a mano hasta las esquinas de siempre —la Plaza San Francisco, la cuadra baja de la Calle Zela, la salida de la Merced— y encienden el carbón. Para las siete, el humo con olor a comino y ají panca ya se cuela por media cuadra, y alrededor de cada carrito se forma un semicírculo de gente de pie: oficinistas que salieron del trabajo, estudiantes de la San Agustín, familias que vinieron caminando desde el barrio. Nadie se sienta. Se come apoyado en la reja de un parque o en el borde de la vereda, y esa es exactamente la gracia.

El Anticucho: Corazón, Carbón y Dos Palitos

El anticucho arequipeño es corazón de res marinado en ají panca, vinagre, comino y ajo, ensartado en palitos de caña y asado sobre carbón hasta que los bordes se caramelizan. Se sirve con una papa sancochada y un trozo de choclo, ambos pasados un momento por la parrilla para que tomen el sabor del humo, y con dos salsas: la crema de ají amarillo y una salsa verde de huacatay. Un palito cuesta entre S/ 8 y S/ 12 según el carrito y el grosor del corazón; con dos palitos, papa y choclo, una persona come bien por S/ 15. Las anticucheras más conocidas del centro trabajan por la Plaza San Francisco y por la Calle Piérola; muchas llevan décadas en la misma esquina y la clientela las llama por su nombre. Lo importante: llegar temprano. El corazón bueno se acaba, y para las nueve de la noche los mejores carritos ya están raspando la última tanda de la parrilla.

Alrededor del anticucho orbita todo un catálogo de comida de parrilla y sartén. Están las salchipapas —papas fritas con salchicha, huevo y una batería de salsas— que cuestan entre S/ 7 y S/ 9 y son el plan de los estudiantes. Está el pan con chicharrón que algunos carritos venden los fines de semana, y están las brochetas de pollo para quien no come corazón. Pero el compañero clásico del anticucho no es un plato: es un vaso de emoliente, esa infusión caliente de cebada tostada, linaza, cola de caballo y limón que los emolienteros sirven desde termos de metal por S/ 2 o S/ 3. En una noche fresca de Arequipa —y casi todas lo son, con la temperatura cayendo a 8 o 9 grados después del atardecer— el emoliente es tan parte del ritual como el carbón.

En Arequipa la mejor mesa muchas veces no tiene mesa: es el borde de una vereda, un carrito humeando y un vaso de emoliente para las manos frías.

Los Picarones: el Postre que se Fríe a la Vista

Si el anticucho es el plato salado de la calle, los picarones son su cierre dulce. Son buñuelos de masa de zapallo y camote fritos en el momento —la picaronera hace el aro con la mano, lo echa al aceite hirviendo y lo voltea con un palito— y se sirven bañados en miel de chancaca con un toque de canela y clavo. Una porción son seis picarones y cuesta entre S/ 5 y S/ 6. Comerlos recién salidos, cuando la miel todavía está tibia y la masa cruje por fuera y queda esponjosa por dentro, es una experiencia distinta a comprarlos empacados. Los mejores carritos de picarones del centro se instalan por las noches cerca de la Plaza de Armas y en la Avenida Ejército, en Yanahuara, donde el olor a chancaca compite con el de los anticuchos de la esquina de al lado. La cola frente a una buena picaronera es su mejor recomendación: si hay diez personas esperando, quédate.

Cómo Comer en la Calle sin Equivocarse

La comida callejera de Arequipa es segura si uno aplica el sentido común de siempre: buscar los carritos con más rotación, donde la comida no se queda parada. Un carrito con cola constante cocina y vende rápido, y eso es exactamente lo que uno quiere. Fíjate en que el carbón esté vivo y el aceite de los picarones se vea limpio y burbujeante, no oscuro. Lleva efectivo en billetes chicos —casi ningún carrito acepta tarjeta ni Yape en montos pequeños sin cambio— y ten a mano monedas de un sol para el emoliente. El horario es sagrado: entre las 18:30 y las 21:30 es cuando todo está fresco y en su punto; más tarde, las opciones se reducen. Y una última cosa: come de pie, conversa con quien tienes al lado y no tengas prisa. En Arequipa, el carrito de la esquina es tanto un lugar de encuentro como un lugar de comida, y esa es la parte que no se puede empacar para llevar.

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