
Agosto en Arequipa: lo que Cambió y lo que Sigue Igual
El aniversario de Arequipa ya no cabe en un solo día. Donde antes había una misa, un desfile y la feria de Cerro Juli, hoy hay un mes entero de corso, danzas internacionales y temporada alta. Esto es lo que ganó la fiesta, lo que perdió por el camino y lo que sigue exactamente igual que hace cincuenta años.
Si llegas a Arequipa en agosto y preguntas por la fiesta, casi nadie te va a hablar de un solo día. Te van a hablar del corso, de las danzas, de la serenata, de la misa en la Catedral, y recién al final del 15 de agosto, que es la fecha de la fundación. Esa manera de contar el mes dice algo importante: la celebración creció, se estiró y cambió de forma. Los arequipeños mayores recuerdan un agosto bastante distinto del que verá hoy un visitante.
Cuando la Fiesta Cabía en un Solo Día
Arequipa fue fundada el 15 de agosto de 1540, y durante mucho tiempo el aniversario se pareció más a una fecha cívica que a un festival. La estructura era corta y previsible: la serenata la noche del 14, la misa solemne en la Basílica Catedral la mañana del 15, el desfile por el centro y el almuerzo largo en casa o en la picantería del barrio. Quien no vivía cerca del centro histórico seguía la fiesta de lejos, por la radio o por los fuegos artificiales que se escuchaban desde cualquier punto de la ciudad.
El otro gran acontecimiento del mes no ocurría en la plaza sino en el campo ferial de Cerro Juli. La feria de agosto era la salida familiar del año: pabellones de maquinaria agrícola e industrial, ganado, artesanía, comida y juegos mecánicos, todo en el mismo terreno, con entradas que se compraban para pasar la tarde entera. Para varias generaciones de arequipeños, agosto se recuerda con el olor de esa feria, no con el de una avenida llena de comparsas.
La fiesta ya no cabe en un día ni en una plaza, pero sigue empezando en la misma mesa familiar.
Lo que Cambió
Hoy el mes se organiza alrededor de eventos masivos y de calle. El Corso de la Amistad se convirtió en el acto más multitudinario del aniversario, y recorre avenidas anchas como Independencia y Dolores porque el centro histórico ya no da abasto para la cantidad de delegaciones ni de público. Festidanza sumó una dimensión internacional que antes no existía, con elencos de otros países y funciones que llenan escenarios durante varios días. Y el turismo cambió el cálculo: agosto es temporada alta, los hoteles del centro se reservan con semanas de anticipación y los precios suben.
También hay una ausencia. La feria de Cerro Juli, que era el centro de gravedad del agosto arequipeño, dejó de realizarse con la regularidad y la escala que tuvo, y su lugar en el calendario quedó vacío. Es el cambio que más mencionan los arequipeños de más de cuarenta años cuando se les pregunta qué extrañan del mes. Si vienes buscando esa feria, conviene confirmar que se realiza antes de programar el viaje en torno a ella.
Lo que No Ha Cambiado
Debajo de todo lo nuevo, la parte más importante del mes sigue intacta, y es doméstica. El 15 de agosto la ciudad se detiene, la familia se junta y la mesa manda: caldo blanco, adobo, rocoto relleno y queso helado, en la picantería de siempre o en la casa de la abuela, con reservas hechas con semanas de anticipación. Sigue estando el Misti al fondo de cada foto, sigue el orgullo regional que los propios arequipeños convierten en broma y en identidad al mismo tiempo, y sigue la costumbre de que nadie llega tarde a su propia fiesta. El envoltorio del aniversario cambió mucho. El motivo, nada.
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